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lunes, 31 de diciembre de 2007

El club de la Pipa X

La puta y la muñeca.

…quizás aquella espera violenta, de calle torturadora, de nubarrones de miradas abusadoras y de los innumerables silencios que nos acechaban entre esas sinfonías promotoras de ofertas, algún día serán barriadas de desesperación y de impotencia. Quizás aquellos hombrecitos que pregonan frases incumbidas a presentar su poder estéril y cruel, a través de sus risas ebrias que congelaban nuestro aliento y oprimían nuestras muelas a punto de devorarse, sean lo que nos potencie a reñir. Pero si pudiera decirte, que estoy aquí y te acaricio, que te miro cuando duermes cansada de tanto suplicio, sin pedirte consuelo ni piedad, sino solo esperando a verte en este mediodía, en donde la luna del día iluminara tus ojos, que resplandecerán en los míos, y nos miraremos y caminaremos por aquellos bosques metidos en medio de la ciudad, en donde podremos vagar, sin temerle a nuestras marcas y engranajes que nos confinan al dolor y la soledad. Por eso muñequita mía, yo no te pido que escapemos ni que huyamos, solo te pido esta tarde, de las que siempre se escapan, para desvanecernos en nuestros juegos, para tocarnos y sentirnos, apreciando como pasa la energía por nuestro cuerpo, como llevan placeres vírgenes, que están violados, pero que aun pueden revelarnos como nos envuelven de seducción. Por que de tanto sentir aquel otro torturador, necesitamos nuestro aliento por lo menos por un rato, y devolverlo a la noche, y contarles a todos como nuestro cuerpo se hizo muñeca, duramente frágil, grisáceamente colorido. Y luego volveré a mirarte y a decirte: muñeca vos, y muñeca yo, fusión violenta de nuestra tortura que nos hace muñeca, entre hombres que reclaman nuestra virginidad y nuestra inocencia. Y nuestros deseos muñequita mía, a donde irán, quien se los lleva, quien los aniquila, se habrán ido por siempre… No se, pero yo te aseguro que los veo, mírame nomás. ¿No los ves en mis ojos?, Porque mas allá de nuestra coraza de plástico reñido y a prueba de golpes, están nuestros ojos que miran con deseos adolescentes, que nos permiten distinguir en la espera de la calle torturada, yo y mi muñeca, nosotras y la noche…



Insomios de sexo diariamente fugaz. (Amantes TV- Love)

…y como explicarle que cuando la penetraba mi cuerpo era como una pelusa que se deshacía en el espacio, fugitivo en millares de roces secos, y un resbalón con mi otro lado, cruel e hipócrita, desenvolviéndome en el solo apuro, frió y efímero, que me refugiaba de los misterios que me abandonaban en la noche. Y mis manos se desprendían de mi, y emprendían una aguda búsqueda insatisfecha, de una pisar tibio de arena, de pies descalzos de domingo. Y esos sonidos que retumbaban como lejanos, golpeaban nuestras piernas, y toda la habitación hervía, pero yo seguía posado como un témpano en un desierto, derritiéndome en un lugar equivocado. Mucha transpiración, fluidos que nos pegoteaban y nos expulsaban continuamente, eso era nuestro amor, segregado, veloz y efímero, como nuestros deseos que se abandonan en la dicha de nuestra estética, que se disuelve como el polvo que una vez fue piedra. Es que eran tantas, y tan múltiples, las imágenes desenvolviéndose como libro abierto, que recorrían nuestros apetitos cargados de bellezas insulsas, epitafios de una goce que ya no lo controla nuestro cuerpo, inscripciones violentas de un amor encendido por velas artificiales que iluminaban nuestras perezas. Quizás si pudiera permitirme gozar en la oscuridad de esta habitación, cuando ninguna razón me ilumina mis deseos, cuando el silencio de los sueños permiten escondernos por un rato de la impotencia feliz de las estrellas cuando nos distinguen de nosotros mismo, quizás ahí, como en una especie de inflamación rebelde, tras una fuerte negación a proseguir oliendo aromas incumbidos, podremos escapar desnudos de esta cápsula, reventar contra el vidrio virtual, y fundirnos en la tierra lamiendo las gotas de nuestras huidas…

jueves, 22 de noviembre de 2007

El club de la Pipa IX

"Drenar vida", por Sergio Cena




Los encandilados


Dispuestos a encandilarse,
miles de alientos chocan y se expulsan continuamente.
Mientras tanto la vida gira y continua ardiendo entre los ojos ciegos
que respiran solo en las noches frías.
Los encandilados no somos nosotros, porque nosotros vemos,
necesitan de nuestra percepción, que la luz sea eterna.
Los que se enceguecen son nuestros ojos, nuestros cuerpos que ya no miden las distancias, porque ya no las hay… (hiperconexiones magnéticas)
Somos un subconjunto de supremas autorregulaciones temerosas,
conectados a silencios lujuriosos,
que drenan vida, y consumen tiempos.

Pero que no se ven, no se tocan,
la piel no roza con las miradas, no ríe como venciéndose,
se amortigua en el tacto seco de un deseo que desea,
que duele y que abandona...
que nos quebranta como residuo toxico envuelto en llantos…
Y solo nos quedan cerebros quemados que consumen tiempo,
cuerpos cansados que drenan vida,
pieles que estallan y se marchitan,
alientos que chocan y que se expulsan,
y una noche fría… que drena vida… y te encandila.

Pero como toda luz, determina el color,
también deslumbrar con apariencias y engaños.
Así transitamos la ciudad espectáculo los encandilados,
creyendo vivir nuestros deseos en nuestros ojos ciegos.

Pero como toda luz, determina el color según su energía…
Mis queridos encandilados,
no drenemos más vida en la ciudad espectáculo,
cerremos los ojos, vagabundeemos sin cielo,
y encandilemos la noche, para ver como ella,
estallará de claridad…



NR


"Saliendo" por Sergio Cena .



Saliendo desesperado,
como mordiendo mis dientes,
como pisando mis pies.
No había adentro, porque no había afuera,
desconocimiento fatal.

Igual yo seguía saliendo,
como la espuma que muere en
el liquido que la hizo nacer.
Y aquel eterno comienzo
me revelaría que el otro lado era solo un impulso:
Saliendo…

Vidas entre vidas, saliendo y volviendo saliendo,
una salida hacia al trabajo, una salida del trabajo.
Y así saliendo entre saliendo,
como el que sale del tren,
como el que sale del trabajo.

Y cuanto más cree salir,
cuanto más lo necesita, más adentro esta.
Y aquel remolino incesante de días interminables,
que se llevaron tristezas y frustraciones,
dejaron aquel tibio saliendo,
que nunca podrán eliminar.

Entonces lo comencé a percibir en muchas situaciones,
cuando un compuesto de saliendo, produjo un afuera:
era como un torso que escapa de la marea
que aun lo llevaba,
pero con su impulso produjo una apertura
en el medio del océano,
y transformaba la marea.


Por eso aquel eterno comienzo me revelaría,
que aquel eterno impulso era vivir,
y que algún buen día,
nos permitirá comprender
que el otro lado estaba en nosotros,
y que mientras nos desbordemos de impulsos
resistiremos aquel eterno comienzo:
cuando nos dejan velozmente quietos…


NR





miércoles, 17 de octubre de 2007

El club de la Pipa VIII

“La virgen de los deseos” por HB



Retazos de una madrugada nocturna


…se hamacaba entre algunos de sus sueños, movilizándose, intentando recoger un poco de aire de cada uno de ellos, para transitarlos sin reducir la velocidad del tiempo moderno.
En momentos se quedaba flotando en uno de ellos, entre las nubes y el cielo,
pero luego bajaba con mayor velocidad y su miraba se escurría en el suelo temiendo caerse.
Una vida con los pies para arriba, o una vida con la geta en el barro, ese era su desafío.
Instantes arriba, instantes abajo, desequilibrio de la vida, equilibrio del tiempo.
Pero ella ni siquiera sabía que el juego la depararía a una pausa en la inmensidad del vacío, donde se encontraría sola en aquel amanecer, hamacándose en aquella plaza perdida, inventando alternativas al horizonte, desafiándolo en cada parpadeo, aniquilando poco a poco su razón y su ilusión, y dejando que la hamaca siga su destino, y la agité de un lado a otro, aprendiendo a jugar, en la ensangrentada derrota, la encantada victoria, en el llegar al cielo, y en el bajar veloz, hasta desprenderse las manos y reventar sus pies en el intento, mientras la noche la miraba de atrás…

NR



…sus rodillas oprimen su cabeza que rogaba por sedantes.
La vereda recogía desechos humanos, aromas petrolíferos quemados, y un color libidinal de amanecer dominguero, pero ella no sabía que aquel baile sureño no solo la obstinaría a ser la flor que nace del basural, que crece llorando por su aroma, sino que también la desnudaba, la dejaba tan libre que su transpiración hervía a sus placeres.
Pero igual su mirada daba al vacío de la retirada, entonces bajaba su cuerpo fetal en el amanecer, en un anochecer, y en un “dormir jamás”…

NR



…eso era la inestabilidad. Era el mate viejo tomando un color verde oscuro y formando el moho que se fundía con la habitación, con las hojas tiradas en el suelo que daban frases instigadoras. Era un teléfono sonando como lejano y penetrante a la vez, un remolino de sabanas con aroma a sexo, y una silla con montones de prendas de vestir que me sostienen y me desnudan en la soledad, que me acomodan en la vigilia. Y encima de todo se encendía el velador que iluminaba mi sombra y profundizaba mis fantasmas, con sus luces incendiaba las colillas de cigarrillo que se acumulaban en el cenicero, y un murmullo de reencuentros enredan voces pasadas con el silencio que tarareaba a mi vigilia cruel, tratando de encontrar algún pedazo de olvido, alguna palabra que no me llame, que goce sola conmigo en la oscuridad. Pero si eso era el equilibrio, si el murmullo entre almohadas lo encontraba, por dónde tendré que zozobrar, por cuánto tiempo, y en cambio de que, si el sueño de una mañana solo se acomoda, a la paz del abrigo de una noche donde calló.
Y tardé mucho en entender, que aquella inestabilidad no era de la dicha, y ni siquiera de la variedad de nuestros juegos y caprichos. Quizás solo los entusiastas pueden ser estables, pero si tan solo hubiésemos acompañado la pausa del nubarrón que nos esperaba, el reposo del ocioso, cuando los incontables retazos de nuestros vicios, nuestras rebeldías morales, y nuestras enfermedades éticas, desafiaban al tiempo y a la noche de la ciudad, quizás ahí, nuestra más estable inestabilidad, la de los amantes, hubiese rechazado las regalías de aquella noche…

NR

martes, 2 de octubre de 2007

El Club de la Pipa VII

"Tango de mi ciudad" Por HB.


Tangos maleables

Un hombre y un bandoneón, melodía que acaricia tus ánimos agitados,
y te despierta en la marea…
Abrís los ojos…
Interrumpes tu rutina agonía…

Miles de alientos pasan a tu alrededor pretendiendo hundirte en su prisa.
Tratan de arrástrate y absorberte con su velocidad.
Vienen de un lado y de otro con miradas ciegas e indefinidas,
condenados a destinos sostenidos hacia la mutilación de su deliberación.
Tu vista se nubla, la rapidez deposita en un acertijo a tus próximos pasos.

Miles de alientos chocan pero no explotan en un suspiro.
Se empujan e indultan para llegar primeo a la meta:
Un eterno ultimo éxodo eterno.

Miles de alientos participan en el mismo destino, aunque combatan
por un gramo de respiración, y se aniquilan con un soplido.

Un tren prendido fuego.
Miles de alientos escupen su estomago y su prisa,
descubriendo que eran solo hombres:

Miles de hombres en su éxodo eterno,
le aniquilaron sus alientos,
por eso no acompañaban cuando el bandoneón golpeaba.

Un hombre y un bandoneón, mira fijo entre miles de hombre,
y su mirada nostálgica se pierde junto a un país distante.

Golpea el bandoneón y aúlla la razón…
Cierras los ojos…
Proseguís el recorrido eterno de tu éxodo eterno…


NR



Alucinás un tango y una fiesta, unas fuerzas extrañas que atraviesan tus insomnios.
Y en seguida te entregas a la misericordia de la noche:

El duende de tu son, che bandoneón,
se apiada del dolor de los demás,
y al estrujar tu fueye dormilón
se arrima al corazón que sufre más.
Estercita y Mimí como Ninón,
dejando sus destinos de percal
batieron al final mortajas de rayón,
al eco funeral de tu canción.


Cuentas gotas que rebalsan de la mesa,
la medianoche trae el licor frió a tu dolor.
Recorres los rincones buscando algún centavo,
y tus recuerdos te invitan una ronda.
¿Olvidadizo serás valiente?

Bandoneón,
hoy es noche de fandango
y puedo confesarte la verdad,
copa a copa, pena a pena, tango a tango,
embalado en la locura
del alcohol y la amargura.
Bandoneón,
para qué nombrarla tanto,
no ves que está de olvido el corazón
y ella vuelve noche a noche como un canto
en las gotas de tu llanto,¡che bandoneón!


Suena el tango que ríe de los sueños, pero aquel sueño te esta olvidando,
bebes las huellas de tu destierro y agudizas tu seducción.

¿Hasta donde pueden sangrar tus placeres?

Construís figuras imposibles en un platito con maní.
Amarras tus manos a tus bolsillos, y descansas en tus silencios,
que se acomodan a una melodía que intenta recordar respuestas.


Tu canto es el amor que no se dio
y el cielo que soñamos una vez,
y el fraternal amigo que se hundió
cinchando en la tormenta de un querer.
Y esas ganas tremendas de llorar
que a veces nos inundan sin razón,
y el trago de licor que obliga a recordar
si el alma está en "orsay", che bandoneón.


Así aparece el final, la noche que pierde sus colores lóbregos,
y el ritmo de un tango no atendido lo acompaña en su retirada,
a esperar el bondi que lo lleve al sueño.

Otra noche más se escapa...
Los tangos maleables resuenan en tu fisura...
Y los primeros rayos cocinan tu carne
en un pancho noventa y cinco...

Suena el rock en la radio...
Ya es hora de despertar...


NR

(Gracias a Homero, y a su ¡Che Bandoneón!)

viernes, 21 de septiembre de 2007

El club de la Pipa VI


Pintura de Fer.


El arrebato de los corazones


Quiere dormitar perpetuamente,
pero algunos sueños la despiertan,
entonces llora y revienta en miles de escombros
que se confunden en la calle.
De vez en vez abre los ojos y su extrañeza la inquieta
hasta reorganizarse con la llegada de un espectro de alas
que la invaden y la metamorfosean
bajo una nueva marea de supersticiones.

Pero sus sensaciones no pueden ser contenidas en su cuerpo,
y comienza a fragmentarse en miles de ficciones
que intentan reorganizarse bajo una de las agujas del reloj.

En ese malentendido existencial aparece el entendimiento
y hace de tu aliento una plataforma vacía…

Ya no hay lugar para tus repasos y maniobras extraordinarias…

Hombres educados y reflexivo agudizan tu dicha,
y tu inocencia florece violentamente,
retrocediendo tu posibilidad de desarmar los engranajes platónicos
que inmovilizan tus ojos.

Simbiosis eterna entre tu mente y tu contemplación…
Arrebato de los corazones en un mundo explosivo…

NR



No siempre el fuego prende la pólvora que se desprende de tus pasos.
Pero en esta ciudad todo revienta por los aires aunque el fuego no arranque.

Ciudad explosiva detrás de un torbellino de misiles impotentes:
milicias adiestradas a enredar sus cometidos con su intrepidez,
quitan tus ánimos del bolsillo, aniquilan tus consuelos,
y arrebatan tus corazones antes de fugar.

Ciudad explosiva, vuelan por los aires las sonrisas tristes...
Dos se miran pero no se reconocen.
Encuentro espejo,
desierto de juguetes sacrificados
que te confinan a lo irreconocible.

Por eso cuesta tanto arrancarle la treta a un soldado.
Por eso cuesta tanto despegar vuelo en tus alas…
Pero todavía quedan tus saltos, pequeñitos tus saltos…
Pero saltos… tras el paso de una cuerda que aun operas.

Perversa ciudad explosiva, te promete una senda
y deposita en sus baldosas explosivos inminentes.
Y tus saltitos, son tus saltos…
Inminentes combustibles de un nuevo salto.


NR

lunes, 10 de septiembre de 2007

El club de la Pipa V

"El grito de la matanza" Grabado por HB


El grito afónico



La variación del grito depende de la intensidad del silencio retenido.
El silencio retenido no es solo callar, también es no encontrar
la melodía donde poder acoplar tus sonidos.
El silencio retenido es gritar cada vez con mayor volumen
y no escucharte.
Mientras mayor es la intensidad del silencio retenido,
mayor es la posibilidad de que el grito surja en forma afónica.
Porque el silencio retenido lastima tu garganta,
estrangulándola a través de tus cuerdas sueltas sin usar.

Pero el silencio retenido es solo una de las condiciones de posibilidad.
Porque el grito afónico vive de un acontecimiento:
una multiplicidad de bocas ardiendo intentando
revivirse mutuamente,
producen un estallido en su encuentro,
que agudiza tus sentidos, expulsando tus silencios.

NR



Una aterradora negación a proseguir exclamando aullidos incumbidos.
Un incesante aluvión de dichos irradiantes engendra fuegos innovadores.
La vibración del pecho reclama sonidos que alivian los enfrentamientos.
Un grito afónico invoca antiguos señuelos
que se funden con retazos de improvisaciones.

Pero no todo el que crea es soberano de su infinito.
Un director de orquesta lame tu garganta y escupe en tu cara.

La resonancia comienza ha disiparse entre los antiguos aullidos,
convirtiéndose en silencios irreversibles.
Todo quedo igual que al comienzo…
Por suerte queda algo para recordar…

¿Pero hasta cuando podemos mantener el silencio que nos enceguece?
¿Seguiremos gritando estrofas artificiales?
¿Cargaremos pedazos de tiempo en el pecho, eternamente?

Quizás volvamos a negar nuestras estatuillas.
Quizás aparezca algún otro grito afónico.

Pero fuera de cualquier improvisto,
quedaran bocas abiertas atentas a que alguna brisa
traiga algún llanto lamento,
para que ahogue las palabras.

NR



Se eleva entre los cuerpos, o ellos mismo lo elevan.
Queda suspendido en el espacio
agitando sus ojos tratando de explicar lo inexplicable:
Un grito afónico, una canción que ingresa en su cuerpo,
los pibes que lo apoya en su exclamación,
y unos hombros lo ayudan a mantener su trascendencia.
De su frente caen gotas de agotamiento lujurioso que se mezclan
con una marea de brazos que intentan recuperar su aliento perdido.
El silencio de todos se funde en una melodía única y destructiva
que recicla la tristeza para reducirla en una oración.

Ya es todo un oratorio de promesas presentes…
Ya las remeras pintadas se desvanecen en la piel…
Ya tenemos formas de arruinar
la maldita rutina que regulan las horas…

Un grito afónico se hizo grito, o lo hicieron quizás.
Inunda las radios y espectáculos envenenando oídos
y hechizando tus deidades.
Cumple promesas futuras destruyendo tu pasado
y capturando tu presente.

¿Quien hizo aquel grito que se parece tanto al nuestro?
¿Cómo se lo llevaron si todavía esta afónico?

Estamos afónicos, se enriquecen con nuestra oración,
posiblemente estemos destinados a la expropiación eterna.
La fruta madura de nuestros tramas queda engranada
entre nuestra garganta sangrada.
La saliva choca contra el graffiti que prometía tus alivios,
y las bellezas refuerzan tu seducción,
y quedas apartado reclamando un atajo…

El grito afónico mantiene tus sentimientos vivos,
y te avisa que todavía podes crear un melodía propia
donde poder bailar hasta morir.

NR

martes, 4 de septiembre de 2007

El club de la Pipa IV

Desenlace Fatal

Prosigo una tragedia donde se cruza la soledad de una multitud
con la comunión de las lujurias.
Los ánimos convulsivos solo gozan de alegrías tristes.

Entonces las instancias más inquietantes de mis retiradas
envenenan mis deseos y se apoderan de mis recuerdos.
El terror reaparece solo en los corazones desolados.

Y acaricio manos en brazas, e intento amarrarme a pasamanos invisibles,
y me acerco a la fiebre en la locura y el delirio.
Por eso los ojos cerrados inventan calabozos desiertos.

¿Cuántas eternidades virtuales llegan a mi?
¿Cuántas eternidades impulsan el lado cordial de mi vida?


Estamos aprendiendo a establecer nuestros vínculos
en atormentadas vacilaciones con nuestra agonía.
Emprendimos nuestra salida y dejamos la botella llena,
y las miradas empastilladas absuelven tus consuelos,
recomenzando tu tragedia,
que retiene tu bronca entre los dientes,
que inyecta pulsiones fanáticas que te aniquilan.

NR




La sombra se deslizaba ocultando penumbras y recuerdos.
Todos los ojos corrían a su encuentro,
disolviéndose en lágrimas y estallando en la oscuridad.
El movimiento de la sombra llevaba consigo infiernos acechadores
que invitaban tempestades de sueños e ilusiones.
El movimiento de la sombra ocultaba la aniquilación de energía,
la eliminación de tus tendencias insurrectas e innovadoras.
El movimiento de la sombra decía que para evitar las despedidas
se necesita de las buenas comedias.
Pero el movimiento de la sombra siempre requiere de la tragedia,
y se mueve por la necesidad
y la puja constante entre el sol que la retiene,
y nuestros corazones que intentan desecharla.

NR






Una fuerza ciega y misteriosa enfrentó, inevitablemente,
a tu lado más infantil con tu desolación.
Una acumulación de bronca y chucherías virtuales
que controlaban tus tristezas
reventaron en un estallido contra tu lado estéril.
La catástrofe pasada quedo en evidencia,
nadie podía recoger a aquellos alientos insurrectos,
nadie podía predecir aquel espectáculo clandestino:


El coliseo prendido fuego, sus asistentes alucinando ventanales de bellezas,
y los actores principales dispersos, le lamen el culo al diablo
para alcanzar el nuevo olimpo.
El coliseo hecho llamas, una multitud invoca espejos rotos,
una llamarada de agua ardiente, y un misil que se dirija al cielo.


Una fuerza múltiple e inevitable envenena, forzosamente,
las noticias del día y las últimas primicias.
Una acumulación de llantos e impotencias escupieron
remedios y esteroides hacia una larga resignación,
que empalagaba salivas contra la vereda.


Un desliz contra el suelo, apertura terrenal inspiradora…


NR

domingo, 26 de agosto de 2007

El Club de la Pipa III



Acontecimientos

Agitados y repulsivos salen andar
ancianos desventurados que
tropiezan con sus colmillos
y oscurecen el infinito de la calle
y paralizan las últimas sombra de la esquina

Agitados y arrogantes salen a chistar
ancianos fabricantes de miedos que arrastran
presas frescas por el anochecer
y dejan prendida la mecha
que derrite los ánimos que entonaban sus tristezas.

Agitados eternamente destruyen fieras fieles,
y renuevan siluetas a pinceladas de erecciones,
promoviendo y reproduciendo la sombra
en que oscurecen tus dolores intestinales.
y ríen por vos…
y aman por vos…

NR





Allá en la travesía de la calle se cuentan los pasos
para dar vuelta antes que se apague la luz,
se recogen los reojos amasando posibles fugas
y escondites para rezarle a algún dios.
Allí también te cruzas al maldito dios
que arrancan los alientos que te acercan a la vida,
te insertas dentro de un aura sin bellezas
que construyen tus bellezas.

La calle allí, ya no es calle donde poder soñar con relámpagos,
ya no es aire del poeta, y perfume de un mendigo.
La calle allí, ya no es calle del ladrón, ni del tranza, ni del ebrio,
ya no hay gente enloquecida por decirle no al final.
La calle allí se ha poblado de gatillos que revientan tu garganta,
que iluminan tu avenida y oscurecen la verdad.
La calle allí se ha colmado de artefactos y carteles,
que iluminan tus alivios y mendigan tu ilusión.

Allá en la senda de la calle, desaparecieron las esquinas
los atajos y las vías, quedaron rectas sin su nombre
y aluviones que te guían.

NR




Mastica el aliento del paraíso,
solo come del fruto del hombre,
solo sabe comer de él.
Mastica sus deseos que brotan,
porque lastima entrar en parcelas,
sin sentir la seducción.
Mastica del sudor y su resentimiento,
porque carece de eternidad
fuera de ese cruel pantano.
Mastica su lengua insatisfecha,
escupe,
vuelve a devorar,
parece feliz,
vuelve a devorar,
finge su suerte,
vuelve a devorar,
sirve su envoltura,
vuelve a devorar,
es goloso porque sabe masticar,
vuelve a devorar,
es goloso y se aparta el plato,
vuelve a devorar,
desprende su cuerpo,
devora infinitamente, devora…
Le duelen sus muecas,
pero respira, porque siempre se vende tu respiración.

NR



Encuentro

Mil almas traicionan su piel, desvían su paraíso
y no corren al reino del gran premio,
y no olvidan su potencia divina,
y transforman su energía conduciéndola a un terreno,
tan terrestre como su muerte,
pero tan posible como la vida.
Que se hace suya en un encuentro,
y que aunque se envenene con la rutina,
agita todo el suelo, llamando al gran dios
a rendirse a su encuentro,
que solo es de ellos,
de ellos creando,
de su destino,
de su decisión…
El encuentro siempre es insólito…
El encuentro reniega heridas…
Su muerte comienza y termina en el cielo.

NR




Consumo preciado, es solo el lugar.
Consumo perfecto, es ese lugar.
Solo consumo, riqueza y prestigio.
Solo compra y venta, debajo cuelga el corazón.
Es el límite del precio y el deseo,
donde se esconde el desierto de tu vestimenta,
que te protege del deseo insatisfecho,
porque cobardes encienden la luz.
Y todo el tiempo se adorna el espectáculo:
Llantos que no se compran, risas que te enceguecen.
Todo se aspira, todo hasta que ruegues.
Luces que te llaman, fieles a tu oído.
Presos a desearte, presos sin sus llaves.
Puercos intestinos, jarabes de su puerto.
Ofertan a su ángel, recuerdan a sus brujos.
Ofertas que consumen, ofertas sin sus llaves.
Decir no, ese es el juego.
Decir que no, esa es la regla,
¿Por cuantos no, uno es vencido?

NR




Los espacios en donde se cruzan el grito y el silencio
comienzan de diferentes formas:
O recogen la saliva de bocas abiertas;
o son respuestas a una amalgama de labios
que escupen la vereda por verla sucia,
en un estado de ebriedad tal
que no descansaran en las noches,
ni se preocuparan por la salud publica,
porque ellos mismos son la calle,
y ella es a sus pasos.
Hagamos de nuestros barrios
el espacio en donde brindaran
nuestros gritos y silencios
para decir que no al cruel espectáculo,
y por fin afirmarnos en nuestros vinos,
de nuestras uvas,
que hervirán al sol.

NR




Recorrido de una serpiente que intenta envenenar
la dulzura de este mundo.
Y penetra cada agujero para desterrar ternura.
Y humedece a cada labio,
porque puede besar el silencio.
Y se esconde en tus delirios más crueles,
porque se le permite imaginar.
Y funde su veneno a la madrugada,
porque retiene cada instante de pasión.
Y se desliza por tus hombros
atravesando el limite de la intimidad,
Y se aleja por el desierto de los inocentes…
Y se oculta en tus deseos…
Y muere en cada caricia,
para revivir en tu piel,
y volver a ser libre.
La piel de una serpiente cambia con las despedidas,
pero se mantiene suave,
porque nunca se olvidan de su recorrido.
Su huella traspasa tu piel,
como hace el sueño con tu corazón.

NR

martes, 14 de agosto de 2007

El club de la pipa II


Su historia comienza en una persecución.
Los brujos del barrio de Villa Paz, enfadados
por su insólito arte, lo empezaron a perseguir.
A nadie le interesaba que sea un
fabricante de paisajes,
y menos que a ellos se dirijan los hombres
antes de desaparecer.
El maniaco hombre,
pasaba todos sus días en la puerta de su casa,
atravesando una angustia muy despiadada,
que hacia de su cuerpo,
un corredor de fantasmas,
que lo internaba en un clamor de voces
y carcajadas,
que recitaban en su honor,
la dolorosa verdad de sus recuerdos.
Cuando los brujos descubrieron aquel maquiavélico arte,
él casi no tenia fuerza para huir,
y de sus brazos comenzaron a crecer raíces
que lo insertaban en la tierra.
Al mismo tiempo crecía el pánico,
el miedo de haberse perdido,
y la puta desesperación,
porque los brujos se acercaban.
Inexplicablemente,
cuando ya estaba por descender,
encontró caído del cielo,
un balón que se estaciono
bajo su suela.
Él con todo el dolor que significaba,
se desprendió del objeto,
en todo un acto violencia,
tras una pegada delicada,
con toda la calidad que lo caracteriza,
llevando al balón
al limite del cielo y la tierra,
donde bailan los sueños,
donde se escucha el ardor del pueblo,
y donde uno recobra su libertad.
¡Que magnifico tiro!, se escucho de repente.
Eran unas mariposas que presenciaron aquel momento,
y salieron al encuentro de él.
Ellas acariciaron al hombre
y le recobraron su fuerza.
Luego empezaron a sobrevolar a los brujos,
a esos siniestros dioses de la obsesión y el encanto.
Los brujos desaparecieron,
en un instante del infinito,
y con ellos las mariposas.
El hombre nunca supo que paso,
quienes eran esas mariposas que recitaron su suerte,
ni porque esos brujos se enojaron con él.
Pero supo que tenia tantas salidas la angustia.
Que ya no necesitaba de ningún arte esplendoroso.
Porque el arte se encontraba en la posibilidad de desaparecer,
sin rumbo,
como aquel balón,
que libre al viento,
abatió las nubes,
abriendo una nueva jugada,
que desvió su fiel camino,
y lo dejo otra vez posando en aquella vereda,
esperando de algún otro balón del cielo,
de alguna otra mariposa que le cante,
y lo introduzca a sus propios paisajes,
dueños de su dicha,
y su desaparición.
Esos paisajes que representaban
el límite de la tierra y el cielo,
donde bailan los balones,
donde se escucha los gritos desesperados del offside,
y donde sopla el silbato,
para comenzar el primer tiempo,
una y otra vez,
y otra vez,
hasta desaparecer de nuevo,
cuando de su garganta
se escape un gol…

NR

Cardiógenes aturdido tras bajarse del tren, que lo conducía hacia el centro del infierno, comenzó a observar que a su alrededor había cadenas que sostenían los cuerpos vivos, y que todas se dirigían hacia el mismo apartamento, inmenso y atormentante, que expedía luces de un gran espectáculo. Las luces se dirigían hacía un escenario que se encontraba en el centro de la plaza del pueblo, en donde bailaban ancianos bajo un aura, que congelaba sus corazones y los convertía en estatuas adornadas de ofrendas y santificados, que enfermaban
al espectador. Estamos hirviendo de fiebre, de tanto saber…

NR


Estaba desplomado en la entrada del viejo hostal.
Le caían gotas sobre su rostro,
provenientes de las plantas de la señora Arteas,
que en su desvelo, casi inoportunamente,
a sus claveles se puso a regar.
Los muchachos que salieron aquella clara noche
a divertirse,
también se encontraron con él,
y en sus necesidades revoltosas,
pasaron y lo dejaron como dios lo trajo al mundo.
Las necesidades se entibiaban en su vientre.
El perro Juan, que acostumbraba recorrer aquellas calles,
al cual se lo conoce como el gran admirador
del almacén del frente,
lo acompaño unas horas nocturnas a este desprestigiado hombre,
arrojándose junto a él, en un esplendoroso sueño.
Nunca pudo olvidar el excéntrico aroma
que le dejo ese admirable perro.
Las necesidades ya no quieren a su vientre.
Cuando llego la mañana, y el portero Antonio,
salio como de costumbre,
silbando el maravilloso tango “Cambalache”,
a regar la vereda,
se encontró con una gran sorpresa.
De repente se escucho un clamor intenso
a lo largo de la ciudad,
proveniente de una vos desgarrada,
que hizo levantar a todos los fantasmas
que quedaron de la noche:
“la puta que los parió”
Las necesidades adornaban la vereda…
Que linda ciudad…

NR


Desafilados y eternamente instintivos tus vaivenes desfilan por veredas en brazas, de tantos sabuesos como vos, que intentan rozar heridas de frías noches, tratando de alcanzar carteles que marquen su dirección. Pero todo se dirige hacia la fosa, aunque parezca que detrás de la calle hay un gran espectáculo esperando por vos. Todo termina en la otra parada, y en tu espera, y otro bondi, que termina bajo otra rejas, donde crees que algún día llegara el regocijo, de poder escapar de tu ciudad. ¿Dónde termina tu ciudad?

NR






Aquella noche, después de que las risas que quieres callar se apoderaran de su cuerpo, y lo castraran en su espejo, salio a cazar algo que lo acerque a su más inoportuna vida. Escupió su saliva en la vereda tratando de sacar su espasmo social, y luego delibero encender su cigarrillo para encaminarse hacia la penumbra del más habitual, el momento de no saber donde ir. Pero si sabía que quería, aunque esa limosna que nos da la vida, siempre se enfrente a la caída del sol, donde te pisan sin saber quien sos, ni a donde te llevaba tu lastima.
Por eso el siempre salía a determinadas horas donde nadie pudiera ver su tenebroso rostro, lleno de callos del paso del tiempo, en un hombre tan miserable que sus pasos dolían tanto, que aceleraba el paso del tren.

“las tristezas son más suaves, cuando se deslizan sin tentarte”

Las risas que quieres callar, ya no correspondían con su angustia, todo lo retraía a un espectro de su inconsciente, manipulable por su dicha. Por eso nunca pudo escapar. Cuando salía seguía encerrado en su penar, en su mugriento mundo de saber que nunca llegaría a ser quien creía ser.
Su locura enfebrecía su frente, cuando imploraba su belleza en un ensueño producto de su inoportuna transeúnte forma de vivir, de su marea diaria que lo recogía día y noche, para volver a donde callan las tristezas, a donde se permite la muerte dirimir, en su insolente fantasía donde choca su consuelo y sus tesoros, donde se excede su inocencia por subir.

NR




“Claridad es estar siempre cerca de las cosas”,
aunque me pierda, y vuelva a enloquecer.
Claridad es ver tus manos en mi almohada
es perder el tiempo en mirarte,
es estar por ser, dentro de las cosas.

NR

jueves, 9 de agosto de 2007

El club de la Pipa


Nacimos para besarles sus labios,
para contarles sus pasos
y sin darnos cuenta
terminamos inyectándonos sus fresas.
Cargamos sus espadas
y somos cobardes;
y cada día probamos;
caímos cobardes.
Fumamos de sus pipas.

NR



Alcanzo a ver una sombra que doblaba por la esquina,
y antes de correr a su encuentro
quedo estancado en la misma baldosa
Su cuerpo se convirtió en un corredor de fantasmas
que borraban sus recuerdos.
Ahí comenzó a elevarse,
dejando rastros de su transito en gotas de sudor.
La sombra retorno
pero ya contaba con mayor esplendor,
de tal manera,
que empezó a sentir que ya era en vano su vuelo.
Se dejo caer
y el ruido de la noche cambio.
Unos violines se encargaron de acompañar
a unos ancianos que salieron al encuentro del nuevo baile.
La sombra comenzó a crecer,
él cada vez más violentamente se desangraba,
y su vergüenza rancia
de no poder escaparle a la sombra,
termino por encogerlo.
No se supo más de él...
La sombra desapareció con el día...
De los ancianos no quedo nada,
hoy sus estatuillas se pueden ver, en la plaza del pueblo.
¿Dónde esta el pueblo?

NR



En una calle de aquel barrio de Villa Paz,
había una leyenda:
crecían flores por debajo de las casas.
Y de que en ese insólito lugar,
vivían corazones vivos,
que se escaparon de sus cuerpos
tras una fuerte tormenta.
Estos corazones huyeron de la calle,
y resistieron su palpitar por debajo de la tierra.
Ese latir feroz es el que les dio la vida,
y el que le da el miedo y la vergüenza
a aquellos pobladores,
por tal elocuente espectáculo.
La calle estaba siempre repleta de extranjeros,
que en su mayoría eran cirujanos y farmacéuticos,
rastreando un negocia frió y misterioso,
que generaba un clima de ebriedad entre los pobladores,
y robustecía cada vez más la leyenda:
ya que con su presencia,
el latir de la calle se estremecía más,
al cual estos científicos,
justificaban,
con una gran orquesta de tambores,
que se desenterraba de una lejana ciudad.
Cuando caía la noche
siempre se divisaba una niebla que iba
desde los pies hacia la cintura.
haciendo del caminar,
todo un extremo arte,
entremezclado con una aguda violencia,
y una desentrañadle pureza.
El latir aumentaba a volúmenes insoportables,
que hacían del soñar algo de otros tiempos,
El insomnio ya no era una característica
de algunos excéntricos,
se propagaba por toda la calle,
incitando a un desfile de bandidos,
que nadie veía ni aplaudía,
pero que cada noche se repetía.
Los desfiles duraban horas y horas,
la calle era una pasarela interminable,
en el que cada participante de aquel
esplendido espectáculo moderno,
esperaba con gran esperanza,
el suceso que lo llevé al final del recorrido.
Era tan difícil y tan cercano el final,
pero era solo cosa de elegidos,
de los elegidos que eran todos,
pero no con tanta suerte.
No con la suerte de poder dejar de latir,
de escuchar y de escapar de aquel concierto.
Porque no era un sencillo desfile de TV,
mas allá que se parezca alguno de ellos.
Estaba la belleza, los espectadores,
la línea que dividía a uno de los otros.
Pero, la principal diferencia residía,
en que acá no había una línea recta,
como en una pasarela.
Lo que hacía distinguir a unos de otro
era el círculo que había en el medio de la calle,
producto de la sombra que hacia la luna de medianoche,
cuando las estrellas desaparecían.
Esa era la verdadera pasarela,
aquella sombra que cada noche era más pequeña,
pero que cada bandido trataba de alcanzar,
casi sin saberlo.
Lo que hacia realmente imposible coronar la noche
con una gran despedida,
era que la calle chupaba a muchos de los participantes,
en cada latir,
llevándolos de nuevo el comienzo,
que ya parecía final,
para todos ellos.
Cuando llegaba la mañana
el sol hacía imposible cualquier posibilidad de dormir,
y los pobladores se juntaban en cada esquina,
repartiendo la píldora de los buenos días,
que transformaban el latir,
en una sinfónica de golondrinas,
que cantaban junto al aquelarre:
“Bailemos con la vida,
que es la espera...
de algún suceso...
que te termina”
Todo este cántico era acompañado
con un ritmo de merengue,
que provenía del perfume que emanaban
las flores,
que con el roció de la mañana,
llegaban a su plenitud.
De esa manera podían seguir…
Más allá que todos los días de sus vidas,
se pregunten, ¿donde estarán sus corazones?,
perdidos tras esa tormenta,
¿a donde abran ido?...
La canción fue su salida y encanto.
Canción que fue vulgarizada y desprestigiada.
Himno popular, en donde todos podían danzar.
En ciertos momentos hasta se escucho en las radios,
en las radios de todo insólito lugar,
aunque nadie la pudo comprender.
Creían todavía que era producto gente
a la que solamente se les arrancaba el cuerpo.
Nadie supo lo de los corazones…
Nadie supo lo de los desfiles de la angustia y de la muerte…
Todos subestimaron la píldora de los buenos días…
Nadie comprendió que Dios les dio,
la más fiel de las muertes,
la muerte más fiel de este imperio,
donde los corazones callan,
y se ocultan,
de lo único que no se puede alcanzar jamás,
la mismísima tierra,
donde ya no hay hombres ni vientres,
solo sus consuelos.

NR




La muchacha caminaba lejos de la noche,
atravesaba cuentos y contaba pasos con las manos.
Luego del grito de un anciano, decidió dirigirse hacia un túnel,
que se encontraba envuelto en una gran sabana blanca,
con un ave inmensa colocada en su entrada,
que dejaba caer de sus alas una gran cantidad de sangre.
Tras introducirse,
una sombra comenzó a seguirla, mientras su cuerpo desaparecía.
Quedaron solo sus ojos que destellaban crueles miradas,
hacia el medio del túnel donde crujían sangrientos roedores.
Comenzó a escuchar un cántico que llegaba desde lejos,
acompañado con un ruido de violines:
"Las trampas de tus sueños llegan adornadas con guirnaldas"
En ese momento la sombra comenzó a acrecentarse
invadiendo todo el túnel.
Ella comenzó a ver la palma de su mano izquierda
de la cual comenzó a sacar una cuerda
con la que se sujeto del picaporte de una puerta
que decía: "Acá no hay risa para los reidores".
La sombra comenzó a transformarse en un remolino,
que la atrapo por largos segundos,
hasta expulsarla.
Su piel empezó a crecer con pedazos de telas
que la hacían verse como un frió espantapájaros.
Pero siguió sosteniendo la cuerda,
hasta que la puerta estalló
y con ella comenzaron a sobrevolar murciélagos
con cara de payasos
que le hacían recordar a su pasado,
y comenzó a gritar,
escupió sudor
y se dejo caer.
Ella trato de levantarse
pero el túnel era muy angosto,
y el miedo la congelo.
Comenzó a escuchar una música más fuerte,
parecía una comparsa con violines y bandoneones,
y un nuevo cántico que decía:
"No sueltes la cuerda de tu corazón..."
En ese momento observo que estaba allí,
era como una especie de arteria que se mezclaba con pañuelos,
y tiro de ella,
y se sujeto.
Apareció en el banco de una plaza,
vestida con largos pantalones y una camisa floreada,
no supo nunca que fue de la sombra, ni de los roedores,
ni de los murciélagos, ni de la excéntrica comparsa.
Al túnel nunca lo recordó,
pero siempre resonó en ella, aquel cántico que decía:
"No sueltes la cuerda de tu corazón,
que el viento destruye tu cuerpo en dos"

NR



Prendió la luz.
Había un ciego esperándolo.
Le contó que existía una píldora
que enrojecía los pómulos y entristecían los ojos.
Apago la luz.
Salio rodando por las escaleras,
compro la píldora,
y desapareció.
Cargamos todos con el peso de su vació,
del vació que significaba la falta de aquel
tenebroso y cínico extravío,
que compraba nuestra muerte en bolitas de látex,
y vendía su coraza,
para que con nuestro odio podremos vengar,
a los ciegos unidos del mundo,
fusilados con píldoras de cristal.

NR



“Sentido, felicidad, tristeza, insomnio,
suicidio, batalla, cuerpo, sangre,
miedo, espanto, alma, corazones,
libertad, violencia, potencia, escisión,
transmutación, cobardía, risas, llanto,
búsqueda, ceguedad, fuego, cielos,
sueños, engaños, jaulas, tesoros,
cadenas, soledad, mierda, escándalo,
religión, heridas, amor, juventud,
yerbas, remolinos, insolación, desesperación,
tierra, perfumes, disparos, compañía,
ciudad, abrazos, pérdidas, encantos,
tentaciones, caprichos, hojas, prisas,
tiempo, tumbas, paraíso, explota...”

NR




Desaparecerá, desapareceré, y desapareció.
Todo olía a excremento
crujía el tiempo,
enloquecían los cuernos del águila,
y escapando a la tempestad
regresará, regresaré, y regresó...

NR