miércoles, 22 de octubre de 2008

“Mejor pues que renuncie quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época. Pues ¿cómo podría hacer de su ser el eje de tantas vidas aquel que no supiese nada de la dialéctica que lo lanza con esas vidas en un movimiento simbólico? Que conozca bien la espira a la que su época lo arrastra en la obra continuada de Babel, y que sepa su función de intérprete en la discordia de los lenguajes. Para las tinieblas del mundo alrededor de las cuales se enrolla la torre inmensa, que deje a la visión mística el cuidado de ver elevarse sobre un bosque eterno la serpiente podrida de la vida”.
JACQUES LACAN
Que la revolución empieza por uno. Por casa. La pregunta ante el espejo, por el quién soy entre tanta sombra, entre tanto cielo hablado por tantos sin ojos sin mirada ni voz. Ahí, en el paso que separa el detrás de la puerta. Y ¿qué hay detrás de la puerta? El temor a ser muerto por la palabra. El horror. El silencio que perfora aún más la herida de ser viviente. El ser viviente y ser soportado por otro al que aún no se le ve la cara. Y cuando se empieza a ver la cara, todo se oscurece, porque entonces la palabra no lo puede todo. A veces no se puede hablar. Y entonces, el cuerpo. Y el despertar con los ojos cerrados preguntando quién soy. Y no hay palabra. Y hay que inventarla. Y la invención conlleva tantas muertes.
Manzana.

domingo, 14 de septiembre de 2008

No escondamos nuestras bengalas

Aguante, precariedad y creación. Una lectura de Cromañón



1
Este texto parte de una necesidad: hablar sobre Cromañón pero con nuestras propias palabras, hablar como generación, y no dejar que hablen por nosotros ni los medios, ni los viejos chotos, ni los psicólogos, ni las publicidades, ni nadie.
Porque sentimos que Cromañón aguarda ser pensado; el tiempo de una generación se detuvo ese jueves, y es necesario que hagamos lo posible por entender lo que allí pasó.
En primer lugar, tenemos que llevar a cabo un parricidio simbólico; desechar todas esas palabras mudas de los especialistas y de quienes hablaron de Cromañón tanto desde la culpabilización como desde la compasión o la victimización. Decimos que esas palabras se pierden en el abismo generacional, que nuestros oídos no se ven conmovidos ni interpelados por estos relatos escritos con el estilo y la tonalidad de la voz paterna.
Por un lado, los discursos compasivos o culposos de no habernos sabido cuidar no reconocen que están mirando el nuevo contexto social con los ojos ciegos por la obnubilación que produce la nostalgia y la melancolía de lo irremediablemente perdido; no queremos ni necesitamos que nos cuiden, si es que realmente supieran o pudieran hacerlo, porque la mayoría de las veces en ese “cuidado” percibimos un desconocimiento de nuestro mundo y una mirada despectiva hacia él. En nuestros nervios hay más información del presente que la que ellos pueden darnos. Por otro lado, escuchamos también críticas y culpabilizaciones sobre el mundo en que nos movemos: éstas son pronunciadas siempre desde una exterioridad asombrosa, como si nuestra época y la de quienes nos critican no tuvieran ninguna conexión.
Pero también circula un tercer discurso: el discurso de la indiferencia. Esta mirada ni acaricia la cabeza del joven, ni lo repudia insultándolo; no lo ve. En este discurso los muertos de Cromañón no emergen como problema, ni como interrogante, porque no están presentes como vidas de nuestro mundo cotidiano.

2
Sentimos que, en cambio, necesitamos leer la historia desde nosotros mismos, recuperando aquellas maneras de movernos que aprendimos en el tiempo que nos tocó vivir, este mundo marcado por los riesgos, por la precariedad y la incertidumbre. Porque aprendimos a viajar trepados a los trenes (sin tener adónde ir), a no saber si aparece algún laburo, o si el que tenemos sigue la semana que viene. Necesitamos recuperar todas las maneras de adaptarnos y saber movernos que supimos crear en un entorno resbaladizo y cambiante, necesitamos retomar nuestras marcas como generación.
El Aguante es una forma de resistir y crear ámbitos alternativos a esta vida que se escurre de nuestras manos, que carece de sentido y nos angustia. En este escenario plagado de choques fugaces y desencuentros ¿Cómo se construye un nosotros, un yo, una banda, un terreno de referencia, un “terreno sagrado”?
Decimos que aguantar es afirmarse, es apostar por vivir, dando un portazo al refugio privado que nos ofrecen las tecno-cuevas actuales.
La “esquina” guarda en sus cavidades más profundas (casi imperceptibles para oídos mayores) ecos de nuestras voces y de nuestras vidas, quejas por trabajos de mierda, precarizados y súper explotados, parejas que se esfuman con un pestañeo, violencias de policías y de patovas, quilombos de guita...
Pero sabemos también que la esquina no es el punto de llegada sino un punto de salida al que siempre podemos retornar cuando la cosa se pone jodida, porque siempre llevamos un pedazo de esquina en nuestros bolsillos que nos acompaña en cada batalla y cada afirmación.

3
Cromañón es nuestro acontecimiento como generación porque implica la muerte de casi 200 pibes. Y evidencia la plataforma de nuestro mundo actual que funciona a través de contratos miserias, condiciones de trabajo asfixiantes, legislaciones truchas, transportes precarizados, escuelas a las que se les caen los techos. Y es la lógica empresarial la que busca maximizar la ganancia aprovechando y produciendo este escenario precario. En este cuadro Cromañón no representa la excepción sino el ejemplo cruel de la lógica mercantil. ¿Qué es sino elegir una media sombra para ahorrar unas monedas a la hora de poner en funcionamiento un boliche? Y en medio de este terreno precario, nuestras fiestas eran la forma que teníamos de resistir, de crear un suelo por el cual transitar sin dolor. Por eso no debemos caer en auto-culpabilizaciones que borran nuestras fiestas, que ocultan y niegan todo lo que hicimos para vivir en aquel terreno resbaladizo. Las bengalas, el pogo, las banderas, y todo aquel ritual que construimos, no son culpables de ninguna tragedia, ya que no fuimos nosotros los que dejamos un mundo repleto de dinamita.
Todavía no está clausurado ese acontecimiento: todos los días es Cromañón, los 194 pibes están circulando como espectros sin calma por las calles de Once y por los barrios en donde se juntaban a escabiar o fumar, porque el vacío y la ausencia de sus vidas faltantes es una presencia opresiva y sofocante; están en los cánceres que carcomen las vísceras de sus madres que se consumen llorándolos, y están (aunque muchos se hagan los pelotudos y los nieguen) en el mundo del rock, en las bandas que siguen convocando a la amistad y a la pasión de la vida, en los pibes que agitan un tema, y en los hijos de mil putas que llenan sus bolsillos con nuevos hiper-mega-festivales para lavar la cara de empresas caníbales. Cromañón no está cerrado por que está hecho no sólo de cuerpos sino de símbolos: las zapatillas topper, las remeras de bandas de rock, los tatuajes sobre las pieles calientes, los flequillos, las banderas.

4
Asistimos a la entrada definitiva del rock espectáculo, que ya venía ganando terreno, pero poscromañón se transformó en la lógica hegemónica del rock. El rock militante, como plan barrial, espacio del aguante de muchísimos pibes, quedó relegado a una periferia.
Desde hace varios años antes de Cromañón una movida roquera latía en los barrios, un agite que intentaba, como podía, hacer del rock una forma de vida, una vía de escape, de aguante y de creación. Cromañón es una herida profunda a esa innovación, a ese proceso; altera e interviene las energías que circulaban por el rock en ese momento: la industria cultural se apropió del duelo, difundiendo el miedo y los riesgos de los recitales. Luego vino el auge de los festivales: allí se prometía un entretenimiento seguro y sin peligros, al amparo de los sponsors. Los nuevos discursos se articulan con el gobierno de la inseguridad y con la gestión del miedo, teniendo como correlato políticas concretas. Destruir las condiciones en que emergían y crecían las bandas de rock de los barrios es pegar en el centro del plan barrial, patear el hormiguero que juntaba a los pibes y pibas. Después de esto, sobreviene la dispersión, y por supuesto como el show debe continuar: ¡vamos a escuchar rock bajo el refugio de los sponsors!
Sabemos también que Cromañón no es una herida que viene de afuera. Porque la movida roquera que levantaba el manifiesto del plan barrial era una innovación que se daba al interior de la excepción misma, con la excepción como suelo, como punto de partida, y ya en su interior circulaban tensiones y lógicas de mercado.
Cromañón es la herida con sabor a final del juego, pero también es el tablero mismo del juego, de cualquier experiencia que intentemos como generación. Pero no debemos dejarnos aplacar por estas condiciones ni dejar de hacernos preguntas sobre nuestros modos de relacionarnos con esa precariedad, con el mercado, con los poderes.

5
Luego de tantas muertes, la desesperación y la tristeza nos corroen a muchos. ¿Qué relatos se montaron sobre el dolor de lo sucedido? ¿Qué podemos hacer nosotros con este dolor?
La indiferencia, la culpa o la victimización son falsas maneras de elaborar el dolor porque nos niegan; son relatos que intentan transformar el dolor en una cuestión personal, privada. De aquí las figuras de la víctima, el sobreviviente, el arrepentido o el culpable. Es sobre esas lecturas del dolor de lo sucedido donde se montan los grandes festivales que detestamos.
Cromañón es un acontecimiento doloroso que reaparece en nuestras vidas todo el tiempo. Y cada vez que nos golpea entra en juego la elaboración de lo sucedido; para volver ese dolor colectivo y político, motivo de pensamiento, de encuentro y de duelo, claro, pero de un duelo colectivo. Un duelo colectivo es reconocernos en los chicos que no están, reconocer que una parte nuestra quedó adentro de ese boliche y que tenemos que reconstruirnos entre todos luego de esa pérdida (no nos interesa una “curación” individual).
Ese reconocimiento habilita la recuperación de nuestras prácticas, nuestras fiestas, nuestro saber movernos en este contexto de precariedad; permitiéndonos pensar cómo aquel dolor puede ser compartido con un montón de experiencias que van más allá del mundo del rock y de los jóvenes, con una pila de sufrimientos y muertes resultado del mundo precarizado que transitamos en nuestros trabajos, en nuestras viajes y en nuestras ficciones.

Agosto de 2008
Juguetes Perdidos
La declaración entera puede encontrarse en:
www.colectivojuguetesperdidos.blogspot.com

viernes, 29 de agosto de 2008

Cuerpos

Cuerpos que cargan sus cuerpos solos hacia el abismo.
cuerpos que arrastran a sus pedazos de aliento que los retienen,
cuerpos enfermos piden remedios a gritos fríos,
cuerpos que adoran a su dolor
que les concede excusas listas
para emplear como impotencia
en su destino de proseguir
cargando solos
sus cuerpos solos.


Con cuantas murallas ya se topo
el hombre solo, niño, infeliz...
que es encargado de chupar solo
la mamadera.

Cuantas murallas,
se hacen dolor y excusas listas,
del niño solo de ciber-mundo
que los encierra

Cuantos dolores cuidan los rincones
de digitales-calabosos de nuevas prendas,
porque el destino del niño queda
en iniciativas tecno-facistas
que los encierra en su cerebro.


Por todo esto
es que tu cuerpo es tan pesado,
pero no cargues con sus dolores,
con sus excusas,
con sus priciones.

El futuro no esta en tus hombros,
no cargues solo tu cuerpo solo.
El futuro solo es futuro
si es creado por muchas manos,
que ya no creen en las pastillas,
en las terapias e iniciativas.
Porque no cargan su cuerpo solo,
porque el dolor no es medicina,
sino la señal que esto no va,
sin nuestras manos golpeando fuerte
esas murallas que nos separan.


NR




Nunca quisiste lucir de negro,
pero tu pecho retiene truenos... oscureces;
porque llevas el gris de tu ojos en las mañanas,
porque de tarde, contas las gotas que te detienen.

Cuanto cuesta gritar que el tiempo pasa y tu a su lado;
porque las hojas retumba tibias...
a tu inocencia, a aquel jazmín y a las campanas.
Pero no vale, de nada vale, estar mirando a aquel fantasma;
todas la carne que hierve sangre, quiere más carne.

Y en cada paso se te convoca a un nuevo amor,
y antes que llueva escusas frías en tus palabras,
desarma el cruel aroma a sexo de la inocencia,
y descuidate, que el cuerpo cuida a su coraza.


NR



domingo, 3 de agosto de 2008

Espera nocturna (última parada antes del túnel)

“…Quizás podría mirar aquel túnel toda la noche esperando la llegada de una tribu de monos, e intentaría desvanecerme con su presencia como una gota en frente temerosa, pero no era esa la única melodía que me regalaría la noche. Todavía estaban aquellas perdidas diagonales, encrucijadas esquinas, encantadoras rectas, que hacían de mis ojos posibles cegueras, e inventaban paisajes impredecibles e innovadores. Por eso me dispuse a escuchar el concierto que me deparaba la ciudad aquella noche, alguna armonía quizás me ayude a desplazarme…”

“…Podría sostener la distancia como distraído que se sorprende de su sombra, y alterar mis suspiros para que no me devuelvan a la noche, pero no puedo dejar de estar como maltratado en espejo viejo, porque vuelves cuando cierro los ojos…”

“…Miraba todo como asombrado porque padecía de una inagotable inocencia que me perseguía en los encuentros y en los recuerdos. Así y todo, me puse delante de aquel túnel y trate de fundirme en él con mayor familiaridad, intentando exprimir su misterio, para quedarme solo con su profundidad. ¿Hasta donde llegara? ¿Habrá algo del otro lado? Preguntas disueltas en la agonía del misterio. Solo me quedaba abrirme a la oscuridad. Y allí fue donde te encontré como una sombra en callejón de suburbio, fugitiva en innumerables desiertos acompañados, intentando rescatarte de lo lúgubre y los prejuicios que te invadían. Pero aunque no te podía tocar, te sentía en tu aroma de lluvia de madrugada, en tu melodía de risas nocturnas, en las llamadas ardientes del silencio. Y en ese momento, conocí la distancia. ¿Cuan lejos estoy de aquel túnel? ¿Cuan remoto será aquel final? Pero no había tiempo para la respuesta. Siempre corría, pero el tiempo se alejaba, por eso necesitaba esperar, por lo menos para sentirme libre por una hora. Es que lo que con más exacta puntualidad había comprendido, era que el tiempo ya no era el mío, por eso, para recuperarlo comencé a jugar con las esperas, con la paciencia, y con el vagabundeo aquel, donde podía encontrar a los distraídos, a los perdidos, a los que no se amontonan por llegar a empezar. La última parada antes del túnel fue siempre igual hasta ese día. Pero te encontré y conocí la distancia…”

“…A quien le habla el hombre cuando anhela: a un amigo olvidado, a una madre temerosa, a algún abuelo pesimista, a un amor perdido, a un amor deseado, a una utopía difícil de sostener, a la muerte que te apura el paso, o a la vida que te arrincona en el infinito de tu finitud… realmente no lo se. Quizás solo se dirija a si mismo, para ver que puede, y para que todos los demás sepan que pueden, que lo anhelado siempre es posible, no por ser un sueño, sino por ser la penumbra de lo que uno hace, que siempre vuelve mientras salga el sol. Hoy entendí que no podré esperar a que lleguen las mañanas para cruzar el túnel, pero si podré tomar fuerza en la última parada, y retener aquella luz, que cae de los ojos, que baila en la frente, que late en el pecho, e intentare cruzar; para que la noche no se me haga eterna…”




NR

martes, 22 de julio de 2008

Ciudad Conectiva IV

La ciudad nos despliega fronteras todo el tiempo
fronteras de velocidad
fronteras de imaginación
autopistas calles y avenidas fronteras de consumo
barrios recorridos
barrios traspasados
publicidad umbrales
invisibles límites audiovisuales impenetrables y duros
muros
mallas repartidas en toda la mancha urbana
un mapa del reino del mismo tamaño que el reino
el cartógrafo perfecto hasta el absurdo
fronteras fantasmales y fronteras reales
que dibujan tus lugares
a veces todo se juega en cien metros
un río
un puente
una casilla
una línea de colectivo
el terraplén del tren
vías muertas o vivas, o semimuertas
gomas quemadas de fuerzas humanas
gomas gastadas de rabia enjaulada
trabajadores
flujo humano
migrantes diarios
stock de viviendas
guetos enclaves
lunares urbanos
vagabundos y nomadismo
la música del niño
la musica imprevista y la que te espera
algunos rumores
pasadizos exclusivos para automóviles
distancias ficticias y tiempos absurdos
Fiorito-Olivos en veinte minutos o dos horas o nunca
la mancha urbana
enorme monstruo de miles de pliegues
localidades distritos
circunscripciones
umbrales de seguridad
calles angostas, calles cerradas
umbrales de productividad de rentabilidad
la ciudad es híper-conectiva y lejana entre sí a la vez
pero siempre signo o potencial
signo para el capital fronteras y
capital volátil fronteras y
fuerzas fronteras y
humanidades ciudadanas fronteras
que ya no limitan la ciudad y su campo.


El ciruja.

martes, 15 de julio de 2008

El lobo, la niña, el tiempo.

¿Y quién me habría contado de los ojos del último sol? ¿Y qué día había pensado en el ahora sino cuándo? ¿Cuál habría sido ese pie que trepó primero el llanto del patio verde, con los limones tirados en la tierra viendo caer el infinito sobre ¿quién?

Cual si lo hubiese pensado siempre ¿desde cuándo? ¿Y qué pregunta por el tiempo cuando a veces se despliega como el mismo de siempre? Y escupe esa sensación de infinito a la vez que llueve siempre lo mismo. Quema la calle. Y la puerta abierta al rocío, ahí, respirando entre las fantasías que juegan en la plaza. Y es que un día empecé a buscar el otro lado del espejo cada vez que no veía más que sueños ahí, sin dormir. La vigilia, el papel despierto y la pregunta por el niño. Y todas-las-voces puteando en voz alta por el lobo que no siempre está durmiendo. El pobre lobo dormido. Revolviendo la tierra para jugar a las escondidas. Como si jugar a las escondidas no nos despegara de la cosa por un rato. Primer juego. Tirar los dados. Ausencia. Juego de ausencia entre pozos hechos en la tierra. Y el pozo no se tapa nunca, entonces aparace-desaparece y el lobo sigue dormido. Pero entonces ¿el lobo siempre está dormido? ¿Para quién?
Y si las voces se callaran por un rato, ¿dejaría de ver a través de los ojos de una historia de sueños? Si cada vez que despierto aparezco en el mismo lugar. Pero si el lobo siempre está dormido ¿qué es el mismo lugar? Alucinan. Golpean las manos. Juegan a poner algo en el lugar del vacío. ¿Y si no hay vacío? ¿Y por qué poner algo en lugar de otro? Eterna sustitución del hombre que duerme al ladito del lobo para no terminar de caer de la silla. Claro, la de cuatro patas. La que sostiene y anda. La que manda a ser el hombre reconocido por ¿quién? La que dice del hombre. La que lo mete en la encrucijada de lavarse la cara o mirarse a si mismo.
Pero entonces... ¿si no ahora cuándo?

Manzana

lunes, 23 de junio de 2008

Ciudad Conectiva III

La ciudad y la vida…

La ciudad te depara varias señales de tránsito. El vagabundo las codifica y las convierte en cicatriz, y las hace sangrar.
Si uno tiene la aguda percepción del vagabundo, nunca caerá en el error de creer que los transeúntes se movilizan todos de forma autónoma. El vagabundo percibe en cada reojo nuevas corridas de deseos.

Sociología del ciruja:

El vagabundo es como si fuera un eterno extranjero o un niño: No hace caso a las señales o las lee de otra manera. Eso le posibilita que vaya inventándose una ciudad a cada instante.

Cirujeando explora.

Pero hay otro tipo de vagabundos. Son los cirujas que hacen de la ciudad todo su terreno. Borrando fronteras y limites entre la ciudad ajena-pública y su propio territorio conocido. Este tipo de vagabundo es como un animal que vuelve a toda la ciudad un solo y mismo hábitat en donde poder desplegar sus instintos y olfatos. Por eso disfruta de los caminos maltrechos, y recoge los alborotos entre sus dedos –sus cuatro patas desmienten el tacto de los pañuelos–.

Y aquel quijote, más allá de un cuento, puede burlarse de los cimientos sin ser descubierto. Porque no hay finales, ni alusivos principios para este aliado.

Solo sus nudos pueden atar a las miles de ciudades, y solo la ciudad puede atar a los mil pedazos de ciruja que giran alrededor del carro.
¿Y cuántos cirujas cuentan las modas de los ciudades? ¿Y cuantas ciudades miran las modas de los cirujas?

Es que su cara experimenta el vértigo de esos fluidos urbanos. ¿Y cómo hacen las caras largas de los cirujas para estar unidas? ¿Y cómo hace aquel ciruja para dormir?

El ciruja.

lunes, 16 de junio de 2008

Ciudad conectiva II

La ciudad y la fiebre.
Las angustias atrapadas en el transporte urbano.
Los sollozos mudos en las villas; los gritos atragantados en las calles.
Y de vuelta los accesos de tristeza en el tren.

Los ataques de pánico son maneras de recorrer la ciudad; y son maneras, también , de cómo la ciudad nos recorre.
La ciudad es un paseo en el vacío total; un paseo entre soledades acompañadas que huyen eternamente de una huída a otra.

La ciudad es conectiva: une un punto con otro, despedazando rincones. ¿Estás preparado para consumirla en redes que ocultan su miseria y crueldad?

Pero esa es una de las ciudades que existen.
La ciudad es música también; son miles de hombres y cuadras deseantes.
Miles de bondis estallando en las calles.

Hay miles de ciudades en cada ciudad, en cada nervio, en cada cabeza, en cada cuerpo.
En cada relación entre cuerpos.
La ciudad es composición.
La ciudad es un monstruo de potencias.

Es nausea y revuelta. Se mezcla con la resaca y te obliga a vomitar.
La ciudad despierta y duerme; carga con aquellos que apilan sus luces a sus hombros para no alejarse y no dejar de recorrerla.
La ciudad es un inmenso laberinto, con túneles profundos y esquinas sin núcleos.
La ciudad es un laberinto de ciudades.


El ciruja.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Aún

Espacio colectivo. Entonces quiero decir. Apuesto. ¿A qué? Entonces decir no es abrir la boca. Entonces decir es que duela, es que viva lo que anda dando vueltas por ahí. Entonces un otro existe porque incide aquello que hace. Y no siempre se mide. Las medidas de los caminos más vitales no saben nombrar la cosa como un todo. Entonces no hay medida cuando alguien que no es nadie no dice y entonces abre la boca y MANDA. ORDENA. SUPONE. OPERA. Teje hilos ominosos. Abre la boca. Escupe. No escucha. No piensa que hay otro. Porque el otro no existe porque es invisible. Entonces supone que se puede DOMINAR.
Entonces la palabra REFORMA en boca de funcionarios me asusta. No me detiene. Me asusta. No me sorprende. Me asusta porque no me alcanza la boca para gritar. Para decir NO. La DESMANICOMIALIZACIÓN es un tema lo suficientemente decisivo como para que quede del lado de políticas-perversas-políticamente-correctas-claro. Debería pensarse como extraño tal objetivo sanitario si asomamos suestras narices a cualquiera de los hospitales monovalentes de la Ciudad, en los que a pesar de infrestructuras y modos de funcionamiento mortíferos, cada paciente y cada profesional LUCHA cotidianemente por salir de la GRAN MÁQUINA MANICOMIAL. El tema es que esa salida es posible en tanto objetivo subversivo de la comunidad. Tal grito de libertad debería salir de la comunidad toda. Y no desde leyes escritas con pulso frío en escritorios de lujo. No desde tipos que no entienden nada. Los derechos humanos se construyen todos los días. TODOS LOS DÍAS. Los construye cada INTERNO desde su posibilidad de EXPRESIÓN en La Colifata, en cada sesión de cada consultorio externo, en la Panadería, en el Frente de Artistas. Los derechos humanos los construye cada profesional cada día levantándose y yendo a laburar a los MANICOMIOS apostando a que se puede hacer algo distinto. Apostando a que hay un tratamiento posible para la psicosis. HAY UN TRATAMIENTO POSIBLE. Que no es lo mismo que decir: "qué loco de MIERDA".
Los derechos humanos los construímos quienes aún siendo estudiantes decidimos encarnar una FUNCIÓN en tanto apostamos a la singularidad de cada humano, uno por uno, y no pensamos nuestra futura profesión en posición de súbditos de un gobierno y una lógica social que manda al silencio a los "DIFERENTES". Entonces ¿qué significa que un gobierno esté pensando en cerrar los hospitales psiquiátricos PÚBLICOS en pos de una pseudo reforma sanitaria? ¿A través de qué significaciones sociales se pretende tal reforma? Si hasta que el "LOCO" siga siendo "LOCO" y "diferente" la desmanicomialización seguirá siendo una utopía. Entonces el plan de reforma huele más a DESRESPONSABILIZACIÓN estatal que a una genuina intención comunitaria de abrir las puertas a la libertad. ¿A qué libertad? ¿A qué espacio? ¿A quién?

Manzana

miércoles, 7 de mayo de 2008

Anónimo IV

"declaración del morta"

Combinando tragedias voy, /
Coleccionista de fiebres... /
¿Que vas a ser con vos mientras dures?

Habitante del final de toda inquietud. /
Demiurgo insalvable /
¿qué vas a hacer de vos así las cosas?

En plena noche y sin respuestas /
Quedé.


-----el morta


Cómo convertir estas fiebres horribles en
delirios creadores…?
En llaves de otros mundos,
de esos mundos no inventados
que nos llaman durante el insomnio?

Cómo volver esas cárceles escuelas para nuestros instintos,
para agrandarlos y dejar, al fin, que nos rijan?
Cualquier noche de estas puede ser
el escenario perfecto para nuestras conspiraciones;
la incertidumbre, el acceso a la total desobediencia.


nacho